No hay nada peor que no saber sortear una situación que muy seguramente te va a perjudicar. Es rara y obscura, aquella necesidad que hay de confirmar un hecho que se presiente como verdadero; ya que el sólo presentirlo tiene aquel tinte de especulación (tal vez mas de auto-complacencia). Pero una vez confirmado, el derrumbe interior es inevitable.
Entre los patéticos intentos de auto-ayuda, se vienen a la cabeza malévolos planes de venganza, mil y un complots telenoveleros etc etc.
Pero al fin y al cabo, o como dicen los gringos at the end of the day, solo queda esa sensibilería expuesta, esa inherente tendencia al drama a la cual ya me empiezo a habituar desafortunadamente.
domingo, 3 de agosto de 2008
Bucle Vital
Casi con treinta y en teoría satisfecho; aun así, la posibilidad de estar anestesiado por la monotonía me aterra. Estar acostumbrado, cómodo y amoldándome lentamente a cierta uniformidad que siempre he aborrecido, es como recibir un knock out cuando creía estar ganando por decisión unánime.
El lúgubre detonante de todo esto es una ves más, mi inherente sensiblería; una trasnochada melancolía que se resiste a dejar de existir.
Anteriormente utilicé este método como terapia, y vuelvo a intentarlo nuevamente; pero esta vez no me expondré, no exaltaré a ninguno a que lea estas palabras. Será un archivo más, perdido en un infinito de basura, en el cual reposa una verborrea depresiva de alguien, que visceral mente trasboca su neurosis personal. Todo esto con el inocente fin de lograr una falso y temporal equilibrio mental y existencial, que una vez teóricamente logrado, se derrumbará poco a poco, para nuevamente dejar al descubierto lo que claramente no tiene solución.
El lúgubre detonante de todo esto es una ves más, mi inherente sensiblería; una trasnochada melancolía que se resiste a dejar de existir.
Anteriormente utilicé este método como terapia, y vuelvo a intentarlo nuevamente; pero esta vez no me expondré, no exaltaré a ninguno a que lea estas palabras. Será un archivo más, perdido en un infinito de basura, en el cual reposa una verborrea depresiva de alguien, que visceral mente trasboca su neurosis personal. Todo esto con el inocente fin de lograr una falso y temporal equilibrio mental y existencial, que una vez teóricamente logrado, se derrumbará poco a poco, para nuevamente dejar al descubierto lo que claramente no tiene solución.
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